Por qué competir en primera vuelta electoral

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Ignacio Walker

Senador

Ex Presidente del PDC

 

Las dos últimas Juntas Nacionales de la DC, por la unanimidad de sus miembros, adoptaron decisiones de la mayor importancia: levantar una candidatura presidencial propia, y hacerlo en el espacio político de la centro-izquierda.

Es muy probable que la próxima Junta Nacional avance en otra definición: proclamar como nuestra abanderada presidencial, a la senadora Carolina Goic.

Adoptadas las definiciones anteriores, el PDC estará llamado a decidir si esa candidatura presidencial se presentará en unas primarias de la Nueva Mayoría, o en una primera vuelta electoral.

En las próximas líneas quiero argumentar por qué la DC debiera competir en primera vuelta.

El contexto de esta decisión está dado por la más grave crisis de la política, entendida como una crisis de representación, que haya vivido nuestro país en muchas décadas. Un síntoma de esta crisis es que ya existen cerca de 40 partidos legalizados, o en proceso de formación.  Esto también tiene que ver con la necesidad de relegitimarse ante la ciudadanía, tanto de los partidos tradicionales como de los emergentes.

Por su parte, el fin del sistema electoral binominal, a favor de un sistema de representación proporcional, hará que exista una competencia político-electoral como no se ha visto desde la recuperación de la democracia. Habrá muchos candidatos, muchas listas parlamentarias, muchos pactos electorales y, por qué no decirlo también, bastante dispersión de votos.

Seamos claros.  Optar por ir a una primaria de la Nueva Mayoría es ofrecerle al país más de lo mismo.  ¿Es eso lo que queremos como partido?  ¿Es esa la buena noticia que nos aprontamos a compartir con la ciudadanía?  ¿Más de lo mismo?

Más allá de los logros, no podemos desconocer, como una cuestión de hecho, que la ciudadanía, en forma muy mayoritaria, desaprueba la gestión del gobierno y de la Nueva Mayoría.  Ahí están las encuestas y ahí está el resultado de las pasadas elecciones municipales, en que sufrimos, como Nueva Mayoría y como DC, un grave  retroceso.

Ese es el segundo problema de convocar a una primaria de la Nueva Mayoría.  Es convocar a la minoría del país.  La Nueva Mayoría es minoría y la DC es minoría dentro de la Nueva Mayoría.  Somos doblemente minoría.

¿Es eso lo que ofrecemos al país?  ¿Más de lo mismo, a partir de unas primarias que convoquen a la minoría del país?

Adicionalmente, de proyectarse las cosas tal cual están en la centro-izquierda, el ganador de esa primaria tiene nombre y apellido.  ¿Alguien puede ignorarlo?  La política requiere de una dosis de realismo.

¿Es eso lo que queremos ofrecer al país?

El que gane, ofrecerá al país un candidato o candidata, y un programa de gobierno.  Los que pierden, tendrán que sumarse a esa candidatura y a ese programa. ¿O vamos a convertir esa primaria en un concurso de rostros, sobre la base de un programa supuestamente convenido en forma previa? Eso es desconocer las características de la competencia político-electoral, y de las primarias.

Se ha dicho que ello permitiría concordar previamente, junto con el programa, un acuerdo parlamentario.  ¿Sobre qué bases? ¿Pactos por omisión, cuotas, cupos?  Nada de eso existe, desde que pusimos fin al sistema electoral binominal, y en buena hora.

La regla en materia parlamentaria habrá de ser la competencia político-electoral, sobre la base de la representación proporcional y la cifra repartidora.

Algunos han dicho que si no vamos a una primaria, eso produciría una lógica de “todos contra la DC”. Eso desconoce que la izquierda de la Nueva Mayoría es solo una parte de la izquierda, y que, junto a ella, habrá otras izquierdas, partiendo por el Frente Amplio.  Dispersión en el cuadro político general, y también dispersión en la izquierda.

Hay una última desventaja en competir en primarias de la Nueva Mayoría.  ¿Alguien puede acaso ignorar que la ausencia de un candidato o candidata de la DC en primera vuelta lo único que hace es facilitar el triunfo de la derecha? La respuesta es demasiado obvia como para argumentar.

¿Cuál es la alternativa, entonces? Primero contemos los votos, después formamos gobierno.  Como se hace bajo una forma parlamentaria.   Como hizo la DC con la social democracia en la última elección en Alemania. Después de contar los votos y medirse frente al electorado, concordaron cada punto y cada coma del programa, y las características de la conformación del gobierno.

Competir en primera vuelta es hacerlo de cara a toda la ciudadanía, no solo a la minoría que hoy es (somos) la Nueva Mayoría.  Llamamos a transformar la primera vuelta en una gran primaria de la centro-izquierda, de cara a toda la ciudadanía.

Llamamos a recomponer el espacio político de la centro-izquierda desde lo que somos, y no de lo que no somos (la DC, por ejemplo, no es un partido de izquierda y hemos pagado costos producto del “giro a la izquierda” de los últimos años).  Por eso siempre hemos propiciado un acuerdo de centro-izquierda, de unidad en la diversidad, sin afanes hegemónicos ni refundacionales.

A diferencia de las primarias, en las elecciones presidenciales hay primera y segunda vuelta.  Ello permite que, una vez que se cuenten los votos, y no antes, se hace una negociación entre fuerzas afines de la centro-izquierda que estén disponibles y sean capaces de concordar un programa de gobierno.

¿Y el acuerdo parlamentario?  Junto con proclamar a Carolina Goic como nuestra abanderada presidencial, la Junta Nacional debiera facultar a la directiva para negociar una lista parlamentaria, preferentemente con el PS o con el PR; para ser más claros, sin compromiso presidencial.

Necesitamos construir una  mayoría presidencial y una mayoría parlamentaria de la centro-izquierda.

¿Y si no resulta? Pues, entonces, habrá que ir en una sola lista parlamentaria, con militantes e independientes pro DC.

No debe olvidarse que la existencia, no de una, sino de varias izquierdas, conducirá a la presentación de una variedad de candidaturas, en las elecciones presidenciales y parlamentarias, en todos los distritos y todas las circunscripciones, como se han encargado de decirlo, y reiterarlo, diversos dirigentes de la izquierda extra-Nueva Mayoría.

La crisis de la política, entendida como crisis de representación, es una gran oportunidad para relegitimarse ante la ciudadanía. No hay que tenerle miedo a la competencia político-electoral.  En eso consiste la democracia representativa, en competir para representar, a partir de lo que somos, y no de lo que no somos.

Hay un último argumento.  La DC necesita marcar con mayor fuerza su propia identidad.  Tenemos que salir a golpear la puerta del 65% de la ciudadanía que se quedó en la casa.

¿Se quedó en la casa como una forma de protestar?  No existe ninguna evidencia de que sea así.

¿Se quedó en la casa como una actitud de mera apatía frente a la política?  No convence como explicación.

Algo puede haber de los dos aspectos anteriores, pero hay una tercera hipótesis que sí nos ayuda a explicar esa alta abstención.  El 65% del electorado se quedó en la casa, y no fue a votar, porque no se siente adecuadamente representado.  Esa abstención es también un aspecto de la crisis de la política, entendida como una crisis de representación.

¿Y quiénes son los que no concurrieron a votar?  Son los independientes; son los sectores medios emergentes; son el voto de centro, los que se siente huérfanos de representación política.

Ahí la DC tiene  una oportunidad.

Se trata de una oportunidad para un partido, como la democracia cristiana, en la medida que actuemos sin complejos, ni derechistas de izquierdistas.  En la medida que nos paremos frente al electorado a partir de lo que somos, y no de lo que no somos, a partir de nuestra propia identidad.

Lo que propongo es algo muy simple: competir con una candidata DC en primera vuelta, trasformando esa primera vuelta en una gran primaria de la centro-izquierda, de cara al conjunto de la ciudadanía.

Dada la importancia de esta decisión –tal vez la más importante desde que tuviéramos que elegir, en 1989, entre la “coalición grande”, defendida por Patricio Aylwin, y la “coalición chica”, defendida por Adolfo Záldivar, con el triunfo para la primera tesis, lo que diera lugar a la conformación de la Concertación de Partidos por la Democracia- sería del todo conveniente que la Junta Nacional, en uso de sus atribuciones, y con toda su legitimidad en cuanto cuerpo político soberano, tomara la decisión de radicar esta decisión (primarias de la Nueva Mayoría vs primera vuelta electoral) en las bases del partido; es decir, “un militante, un voto”.